martes, 28 de junio de 2011

La noche de San Juan

     En el campo, rodeada por la naturaleza, las noches de verano se vuelven mágicas y la más mágica de todas es la de la víspera de San Juan, en la que todos deseamos pasarlo bien, dejando los problemas mundanos a un lado y quemando nuestros deseos, aquellos sueños que queremos se hagan realidad. Es una noche en la que el cielo se ilumina, no solo con el sin fin de estrellas que se posan sobre nuestras cabezas permitiendo que soñemos con acariciar esos pequeños puntitos que parece diamantes, si no que luces de increíbles y brillantes colores estallan, callendo cual  hermosa lluvia de estrellas y nos atrae a mirarla como el canto de las sirenas atrae a los marineros, haciendo que de nuestra garganta brote una exclamación de admiración por la belleza de los fuegos artificiales.
     No importa la edad que tengamos pues la magia de la noche más corta del año nos envuelve a todos por igual. 

miércoles, 8 de junio de 2011

Resurgiendo de mis cenizas

Capítulo 2

  
     Esta noche, de regreso a casa después de un largo y aburrido día de trabajo, y la clase de inglés, los ojos se me han llenado de un líquido ligeramente salado que luchaba por salir, mientras aferraba el volante de mi pequeño coche con más fuerza de la normal.
     Mientras observaba el anochecer, envuelta en un hermoso paisaje campestre en plena primavera, y en la radio sonaba una bonita canción de Rihanna, un doloroso recuerdo reapareció en mi mente. Justo aquel recuerdo que me hizo abrir los ojos ante la realidad de mi padre, el recuerdo que hizo que comenzara a querer ser completamente invisible.

     Una noche, no recuerdo muy bien el motivo solo que yo era la excusa, comenzaron los gritos. Lo único que pude hacer fue encerrarme en mi pequeña habitación y llorar al sentirme culpable de lo que estaba sucediendo. Pero aquella discusión no fue como las demás, aunque no entendía entonces que la hacía diferente. Los gritos cesaron dejando paso a un largo silencio, hasta que mi padre abrió nervioso la puerta de mi habitación.

- No encuentro a tu madre, ayudame a buscarla.

     No tuvo que decírmelo dos veces. La buscamos fuera de casa durante más de una hora sin conseguir nada. Me llegué a creer la preocupación de él.
     Cuando volvimos a casa no fui capaz de quedarme esperando y la busqué por casa. La encontré sentada en las escaleras que llevaban a la piscina (eso era lo que él la había buscado). Sus ojos estaban húmedos, escondidos tras una falsa sonrisa al darse cuenta de que estaba allí. Puede que fuera una cría, pero tenía ojos. Su pelo enmarañado y su labio ligeramente partido y aún con rastros de sangre, me dijeron a las claras lo que había pasado.
     Después de todo esto, pasó una semana durmiendo conmigo y yo pidiéndole que lo dejara.

- No puedo, cariño. No tengo trabajo, dependemos totalmente de él.
- ¿Y mis hermanos para que están? Ellos pueden ayudarnos.
- ¡Ellos no deben saber nada! No quiero ser una carga. Prométeme que no les dirás nada.

     Me fue totalmente imposible negarme al ver aquel enorme dolor grabado en sus ojos. Me invadió la impotencia y la culpabilidad por ser una carga para ella ( al menos eso era lo que yo creía pues ahora soy madre y un hijo no es ninguna carga si no lo que nos hace seguir hacia delante). Es ahora que se lo que podía haber hecho y no hizo por..., aún no tengo claro el por qué.
     Con el tiempo descubrí que aquella no había sido la primera vez, pero por lo que observé durante años, aunque no puedo poner la mano en el fuego, sí la última.
    
     Es muy probable que fuera en aquel momento, de manera inconsciente en un primer momento, que tomara la decisión de no permitir que ningún hombre me hiciera eso.
     Suele decirse que una chica busca en su pareja a alguien semejante a su padre, pero puedo asegurar que ese no fue mi caso.

    Doloroso recuerdo este, que podía haberme convertido en una mujer maltratada si hubiera seguido la pauta, pero siempre se tiene la opción de no seguirla y esa fue mi primera decisión importante. Ser feliz costara lo que costara.

viernes, 3 de junio de 2011

Resurgiendo de mis cenizas

Mucha veces me pregunto cual es el principio perfecto de una historia,  y siempre me acabo contestando que todo depende de los ojos que la lean o las manos que la acaricien.
Puesto que son mis ojos los que esta leen, mis manos la que la escriben, mi vida la que explico y mis sueños los que aquí descubro, creo haber encontrado el principio perfecto.

Hola, me llamo Sofí y esta es mi historia

A mis treinta años, echo la mirada atrás y veo lo cobarde, insignificante, inútil... que fui o me hicieron ser. En una familia donde el machismo existía a la orden del día, la mano dura estaba presente día sí día también y mi padre se ganaba nuestro respeto a base del miedo y las amenazas, mi carácter tímido, apocado, donde el respeto por los demás y lo que me rodeaba había nacido en mi el mismo día que las manos de un médico me arrancaron del vientre de mi madre, el pensamiento de que la gente pudiera ser mala no cabía en mi, y ello me impidió ver durante mucho tiempo la realidad y revelarme ante aquellos que "no me querían".

- Demasiado confiada- me decía mucha gente.

Confundí el respeto con el miedo y eso convirtió mi vida en una enorme montaña casi imposible de escalar.
Sí, he dicho casi por qué de alguna manera, entre temores, vergüenza y lágrimas, decidí seguir los dos mejores consejos que me dio mi madre, en un principio de manera sutil, pero ahora con más convicción que nunca.
Ella siempre decía:

- Cuando quieras conseguir algo piensa que el no ya lo tienes, lo único que te queda por hacer es luchar por el sí y piensa que lo único imposible en esta vida que nos toca vivir es la muerte, y eso aún tengo que discutirlo con San Pedro.

De mi infancia poco puedo explicar, pues fue más o menos como la de la mayoría, con el agrabante que conlleva ser la pequeña de cuatro hermanos y la única chica.
No fue hasta que alcancé los trece años y cambié mi lugar de residencia, cuando el velo que me había o habían puesto delante de los ojos fue cayendo, y poco a poco me di cuenta que el padre adorado que creía tener, no lo era. Cuando una es niña, la ingenuidad no nos deja ver, pues todo debe ser como en los cuento de princesas. Pero al crecer, la manera de observar el mundo va cambiando y ese cambio hizo que me convirtiera en una chica increíblemente introvertida, solitaria dirían muchos.
Es ahora cuando mi verdadero yo ha surgido de la cenizas que muchos se obcecaron en destruir, cuando he descubierto que me temían, temían que creciera como persona independiente, los rechazara por sus malas artes y destruyera con mis férreos principios.
Y es aquí y ahora que decido explicar lo malo de mi vida y como de eso conseguí obtener muchas cosas positivas, lo que me hizo estar aquí y no bajo tierra, como quise en ocasiones, y si es menester, ayudar con mi testimonio a todas las personas que hayan vivido o estén viviendo algo parecido.
Como siempre digo: como el ave fénix, resurgiré de mis cenizas más fuerte que nunca.


Elan