Capítulo 4
¿Por qué? ¿Por qué no soy capaz de creer realmente en mí? ¿Por qué siento la obligación de demostrar a los demás que soy increíblemente feliz cuando me estoy rompiendo por dentro?
Me siento agotada de demostrar a los demás lo que no siento en realidad, ya que realmente ni yo misma se que me pasa, y estoy arta de esos clichés sobre mi espalda. "Eres mujer", "es normal ser dévil", "tus hormonas estás revolucionadas", "son normales los cambios de humor en la mujer".
¡¡¡NOOOOOOO!!!
Me niego, me niego a reconocer esos clichés sobre mí. Sí, soy mujer. Sí, mis hormonas me cambian el humor (solo un par de días, no todo el mes), pero por el hecho de ser mujer no tengo problema. No, me siento sola, por mucha gente que haya a mi alrededor. Me niego a que la gente sienta pena por mi por el hecho que caiga una lágrima por mi mejilla. ¿A caso saben a que son debidas? No realmente no les interesa. A la mayoría solo les interesa acayar su conciencia y con una palmadita en la espalda lo tienen solucionado.
Las lágrimas que años atrás caían a raudales, ahora no dejo que se escapen, no quiero compasión. ¿Estaré haciendo bien?
Desde que tomé esa actitud, creyendo que de esa manera me haría más fuerte, que dejaría de dolerme lo que otros me hacían, lo único que he conseguido es volverme más fría y perderme más de lo que estaba antes. Siento que mi corazón no late como lo hacía antes, ya que por muy maltrecho que estubiera, siempre había calor en él. Nada me importa aunque los demás no lo vean (no les dejo), y eso me entristece más. Me siento metida en un pozo que yo misma escarbo por no saber que hacer.
Han pasado los siglos y el lugar que ahora ocupamos las mujeres como yo ha cambiado siendo iguales a los hombre. ¿Realmente alguien cree eso? Yo no, porque peleamos y peleamos creyendo conseguir sin conseguir nada. Trabajamos sin descanso fuera y dentro de casa para demostrar que somo iguales a ellos cuando lo que hacemos es trabajar el doble. ¿Por qué excavamos ese pozo del que no sabemos salir? No, no somos ni seremos com ellos ¿Realmente queremos?
Se acabó, después de muchos años, poco a poco y herida tras herida he comprendido que no soy ni quiero ser como ellos. No me cuelga nada entre las piernas. Y por ello, no tengo la obligación de demostrar, a ellos ni a nadie, quien soy. Pero no por ello soy inferior ya que no es un pene o una vagina lo que somos o quienes somos. Es nuestra alma, nuestro corazón y lo capaces que somos como personas individuales o en grupo (la parte más díficil). Es el no juzgar sin más lo que nos validará como personas. Sí, soy mujer. Sí, necesito llorar y gritar a pulmon sin que por ellos de pena. Sí, necesito volver a sentir, necesito salir del maldito pozo que a ningún lugar me lleva. Necesito por primera vez, agarrar las riendas de mi vida, sujetarlas con firmeza, detenerme unos segundo para pensar (cosa que las mujeres hacemos bien, aunque en ocasiones en exceso), y tener claro hacia donde deberán ir mis pasos.
Se que en algún momento de mí, espero, larga vida, volveré a coger una pala y excavar, convirtiendo un pequeño agujero en un enorme pozo. Habrá gente que quiera echar tierra en ese pozo mientras esté en el, y otros que alargarán su mano para ayudarme a salir. Pero solo yo, única y exclusivamente yo, seré la que decida que debo hacer.
Rendirse es tan fácil, tan tentador.
Ya he decidido, y he decidido aprender a pelear, a no conformarme, dejarme ver, demostrar quien soy. He decidido volver a llorar, ya que esas lágrimas dejan salir el dolor pero al mismo tiempo pueden llenarme de felicidad, de descanso, de paz.
¿Cuando aprenderemos a ser quienes realmente somo y no quien otros quieren? Si realmente consigo la felicidad podré hacer feliz a los que me quieran... Y a los que no que les den.